Lo acontecido con la entrega de los Premios Olimpia hace pocos días, en la Usina del Arte, cuando se otorgó la máxima distinción, el de Oro a Damián Emiliano Martínez, el “Dibu” y a Franco Alejandro Colapinto, me deja tela para cortar acerca de esta decisión.
“Olimpia, el valle sagrado, la ciudad eterna del deporte” como alguna vez lo considero Conrado Durantez Corral, es el lugar de Grecia donde se iniciaron los antiguos Juegos Olímpicos. Fue en el año 776 antes del nacimiento de nuestro señor Jesucristo, del cual en pocas horas más la comunidad cristiana celebrará un nuevo aniversario, que digamos también, debería ser algo más que una fiesta.
Hoy sólo quedan ruinas de ese lugar que fue un paraje sagrado para los habitantes de la antigua Grecia, integrantes de una civilización que nos legó tantas cosas a la cultura occidental, y que en aquellos tiempos hasta suspendían las guerras en el periodo en el cual en Olimpia se desarrollaban las competencias olímpicas.
Los juegos tuvieron su momento de gran apogeo hasta que, con el advenimiento de la era cristiana, fueron ingresando en una franca decadencia. No nos olvidemos que los Juegos estaban dedicados al Dios Zeus, un culto pagano. El mercantilismo y el profesionalismo fueron horadando el pionero espíritu olímpico, tal como hoy, está sucediendo en muchos estamentos de la sociedad vinculada al deporte.
El acta de defunción lo dio el emperador romano Teodosio I El Grande, el último que reinó sobre un imperio romano unificado. Este en el año 393, dos años antes de su muerte, publicó el edicto de Tesalónica por el cual se marcó el final, entre otras cosas, de los Juegos Olímpicos, luego de 293 ediciones.
Allí comenzó la declinación de Olimpia, que dos años después vería desfilar las hordas de Flavio Alarico, el primer rey de los Visigodos, quienes arrasan con la ciudad. En el año 416 Teodosio II mandó incendiar el Templo de Zeus, y finalmente los imponentes terremotos de los años 522, 551 y 580, sumado a las crecidas de los ríos Alfeo y Cladeo, destruyeron lo que aún quedaba y fue siendo tapado por una importante capa de tierra que los ocultó hasta los primeros trabajos arqueológicos realizados en el siglo XVIII.
Hoy sólo ruinas quedan de lo que fue el que podemos considerar el primer parque olímpico de la historia, donde hubo incluso un estadio escenario de las pruebas de atletismo. Un lugar histórico que en oportunidad de los Juegos Olímpicos de Atenas, en el 2004. fue el escenario de las pruebas de lanzamiento de la bala, en homenaje a su legado para el desarrollo deportivo de la humanidad.
Enlazando Olimpia con el Premio del Círculo de Periodistas Deportivos de Buenos Aires, que lleva su nombre, es bueno refrescar que esta entidad es una de los más antiguos y prestigiosos del país. Fue fundada el 24 de mayo de 1941 y su primer presidente fue José López Pájaro uno de los prohombres del periodismo deportivo nacional, cuyo nombre lleva la Escuela Superior de Periodismo deportivo, de la que fue uno de sus ideólogos. Es el padre del reconocido periodista Julio Ricardo.
El premio Olimpia fue creado en 1954 hace nada menos que setenta años, estaba destinado a distinguir únicamente al mejor deportista del año, recibiéndolo Juan Manuel Fangio, y en su historial podremos encontrar a los grandes del deporte de nuestro país. En algunas de sus entregas hubo discusiones, como la que se recuerda en el 2012, en otro de los ciclos olímpicos, cuando el boxeador Sergio “Maravilla” Martínez postergó las aspiraciones del campeón olímpico de taekwondo, Sebastián Crismanich. Pero es interesante destacar que ninguna llegó al nivel de esta ocasión, con el premio a Colapinto, un buen piloto de automovilismo llegado sorpresivamente a la Fórmula1 para correr nueve competencias de este año con el equipo Williams y que verdaderamente no ganó nada en el 2024 que lo haga merecedor a este importante galardón del deporte argentino.
Y aquí volvemos a las causas que promovieron la decadencia de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad, el mercantilismo y el profesionalismo, que con otras “etiquetas” parecen contaminar también este Premio. Un hecho que tiene mayor gravedad si tenemos en cuenta que los que deciden a quienes se le entrega son periodistas deportivos profesionales. Y que, para mayor responsabilidad, la entidad que los nuclea es precisamente la primera que desde 1960 tiene en Buenos Aires una Escuela de Periodismo en la cual de ahora en más deberían agregar la materia “Aspectos a tener en cuenta en una entrega de premios”.
He pasado muchos años en entidades que dilucidaban premios de este tipo como el “Barón Pierre de Coubertin”, considerado el Nóbel del atletismo, el “Lobo de Mar al deporte y la cultura”, y más cercano en el tiempo haber integrado el panel de selección de “Laureus” hoy llamado el Oscar del deporte mundial. En los casos de distinciones por trayectoria, siempre habrá discusiones, pero se debe tratar que si bien el orden de los años en que se entregaron puede ser motivo de diferencias, no lo debe ser el merecimiento de quienes los reciben. Cuando se considera premios de una temporada o año todo es aún más finito, constituye galardonar a quienes hicieron mejor las cosas, ganaron campeonatos o están rankeados mejor, en una determinada disciplina, o en su comparación con las otras, lo que no es fácil muchas veces.
La entrega de los Olimpia 2024 quedará salpicada por este acto fallido del cual no hay parangón por el error cometido. Nunca antes alguien se llevó el premio principal sin haber ganado nada. Mientras que José Torres, el campeón olímpico, se quedó con el Olimpia de Plata en su deporte, cuando lo suyo debió de ser el Oro absoluto.
Colapinto se llevó la distinción sin haber ganado nada. Con el triste corolario de horas después, cuando el “Maligno” fue subcampeón mundial en lo suyo y el piloto se encontró sin una butaca donde competir en el año que se inicia. Una mueca del destino, quizás un guiño de justicia divina y una sonrisa burlona a quienes debieron ser justos y no lo fueron.
**Ruben Aguilera ha sido atleta, juez, dirigente, periodista especializado, fue el primero en el mundo en alcanzar la máxima graduación como juez internacional de marcha y oficial técnico internacional). Ha juzgado en once Juegos Panamericanos ininterrumpidos, desde Caracas 1983, además de participar en diferentes Mundiales y en los Juegos Olímpicos en Beijing 2008, en China. Se desempeñó durante décadas como redactor en el diario LA CAPITAL, fue presidente del Círculo de Periodistas Deportivos de Mar del Plata