El 25 de agosto se festeja el Día del Relator. Una fecha especial para el fútbol en la que se homenajea a esos periodistas que transforman goles en recuerdos memorables. La jornada se fijó en honor a José María Muñoz, nacido en 1924
Pasión más Vocación. Es más que narrar una jugada.
Para el inolvidable Roberto Fontanarrosa la banda de sonido de su vida era una transmisión de radio. No creía en los nirvanas, a la hora de morirse y soñaba con partidos de fútbol en AM. Por eso para quienes ven en el deporte más popular un profundo surco cultural que nos atraviesa, el relato de los relatores de fútbol tiene una música distinguida.
Está asociada a instantes en donde nos abrazamos con desconocidos con quienes nos une el color o los colores, o recordamos a abuelos, tíos, y nos acurrucamos en algún sitio de la infancia con cuanto eso significa.
Día del Relator en homenaje a José María Muñoz
Su voz marcó una época en la que el fútbol se vivía por la radio. Fue el creador de un modo de transmitir el deporte que se impone hasta nuestros días.
Eran tiempos en que el fútbol de primera se jugaba los domingos (salvo un partido televisado los viernes por la noche) y la radio en la cancha o en el paseo familiar era casi una religión.
Cuando el Relator de América, anunciaba “Peligro de gol” nos tirábamos de cabeza para poner la oreja sobre la Spika, con la ilusión de gritar junto a Muñoz aquel alarido en cuotas y con la O estirada, gol, gol, gol, goooooooooooolllllll!
Durante más de treinta años “El Gordo” Muñoz creó un estilo y una forma de transmitir el fútbol y el deporte que se utiliza hasta el presente.
Su voz potente, su empatía y su incansable pasión por la radio marcaron una época que, quienes fuimos sus oyentes durante años, no podremos olvidar.
Muñoz fue más bien un relator popular y emotivo, poco cuidadoso del lenguaje, tal vez eso lo diferenciaba del Maestro Fioravanti.
José María Muñoz nació en Buenos Aires el 25 de agosto de 1924 y falleció el 14 de octubre de 1992. Hijo de una empleada doméstica y un viajante de comercio que murió cuando Muñoz tenía 16 años. Se recibió de técnico aeronáutico, pero su gran pasión siempre fue el periodismo deportivo y en particular el relato futbolístico.

Comenzó a trabajar en radio a mediados de los años ’40. Lo mandaron a la cancha de Barracas Central, que jugaba contra Banfield, por entonces, la información se pasaba por teléfono. Y el teléfono estaba en una casilla del ferrocarril que quedaba a dos cuadras. Cada vez que pasaba algo, cruzaba el alambrado y tenía que correr para pasar la información.
Relató su primer partido en 1947 entre Quilmes y Rosario Central. Trabajó en Radio Rivadavia de Buenos Aires, de la que fue Director de Deportes entre 1958 y 1992 y Director de la radio entre 1971 y 1992. Dirigió durante 40 años el programa La Oral Deportiva.
La tradicional tira, conducida por Muñoz desde los años ’50, iba de 19 a 21 hs de lunes a viernes y los domingos las míticas transmisiones de fútbol.
La cortina musical de apertura y cierre de todos los programas fue siempre “La canción del deporte”. La frase “Fútbol pasión de Multitudes” marcaba el comienzo de las transmisiones, cada domingo desde muy temprano, con larguísimas previas, con todo lo que había que saber de fútbol y de todos los deportes. Formaciones, tabla de posiciones, goleadores, partidos de reserva y protagonistas.
El Gordo Muñoz, impuso la presencia de un cronista en cada estadio, con la información al instante, con conexiones permanentes.
Cuando la pelota pegaba en los genitales de algún jugador, Muñoz indicaba que le dio “en el bajo vientre”. Cuando se acercaba la posibilidad del gol, “Peligro de gol”. En la Bombonera, Muñoz decía que “se mueve el cemento”.
Era habitual la referencia del relator de América a los datos del tiempo y los pronósticos. También los contactos con la Base Marambio, en Antártida Argentina.
En la Oral Deportiva se cubrirían todos los deportes. Juan José Moro fue de los pocos periodistas, sino el único, que acompañó a Guillermo Vilas por el mundo durante sus años de gloria.
Osvaldo Caffarelli, junto a Horacio García Blanco transmitían desde el Luna Park o desde cualquier recinto donde peleara un argentino, como ocurrió en Tokio con la consagración de Nicolino Loche en 1968
Una muestra de su estilo particular era la manera de transmitir los goles dado que decía: ¡Gol! ¡Gol! ¡Gol! ¡Gol! ¡Gol! ¡Gol! (lo repetía varias veces de manera corta) ¡Gooooooooool! (esta vez con la letra o prolongada). A lo que le agregaba el nombre del goleador, la ciudad o pueblo de origen, el minuto en que se convirtió, el resultado parcial, y la reacción de las tribunas.
Durante más de treinta años fue la transmisión más escuchada del país, hasta que llegó Víctor Hugo Morales con su equipo de Sport 80, en 1981. En 1968 llegó a tener el 85% de la audiencia, todo un récord. Muñoz era un obsesivo del trabajo, un detallista.
José María Muñoz tuvo grandes comentaristas como Enzo Ardigó, Enrique Macaya Márquez, Julio Ricardo, Néstor Ibarra, Julio Cesar Calvo, Horacio García Blanco y Dante Zavatarelli, entre otros.
Su hijo, Carlos Alberto Muñoz fue protagonista de una particular anécdota en su primer día de trabajo junto a su padre. José María, el día que lo presentó dijo: “A partir de hoy, se suma a las transmisiones de mi hijo, Carlos Alberto Muñoz, como señal de respeto a la audiencia, tendremos un trato profesional y sin privilegios, ¿de acuerdo Carlos Alberto?”. A los que él respondió: “Sí, papi”.
Una vez el comienzo de un partido se demoraba porque había un intruso en el campo de juego, Muñoz se quejó al aire del hombre de piloto que impidió el inicio de las acciones y le dijo a su cronista, Dante Zavatarelli que lo identificaa, a lo que Dante respondió: “Soy yo Muñoz”.
José María Muñoz fue la voz oficial y el principal promotor del Mundial de fútbol de Argentina en 1978. Después del gobierno de facto vivido en la Argentina (1976-1983), hubo varias críticas a su apoyo al Proceso militar, especialmente durante el Mundial.
El gran humorista Caloi, con su inefable personaje Clemente, le ganó una pequeña batalla a Muñoz, que le pidió a los argentinos no tirar papeles al campo de juego durante el Mundial. Clemente, en cambio, en su tira televisiva pidió que tiren papelitos y la gente le hizo caso.
José María Muñoz falleció un 14 de octubre de 1992. Trabajó, aún enfermo, hasta sus últimos días. Desde su lecho de enfermo, abrió y cerró la transmisión de un Boca – River.
Muñoz fue un periodista que recibió premios durante toda su carrera, ganó 17 Martín Fierro, entre otras distinciones. Cubrió todos los mundiales desde Suecia ’58 hasta Italia ’90.
Sin obviar las críticas de sus detractores por su apoyo al gobierno militar y su apego al poder, nadie podrá negar su influencia en las transmisiones deportivas de nuestro país.
Fue el compañero inseparable y el vehículo indispensable de alegrías y tristeza de los hinchas argentinos, de todos los clubes.
Creó un modo de transmitir el fútbol, que aún se impone en la Argentina.

Al Gordo Muñoz le debemos haber puesto en palabras nuestras emociones, con su garganta vibrante y privilegiada.
El fútbol es pasión de multitudes, que nos conmueve cuando existe el peligro de gol, que nos provoca ese estallido en el alma con cada GOL, GOL, GOL, GOOOOOOL, con la “O” estirada hasta el estremecimiento. Tal como lo narraba: José María Muñoz, “el relator de América”.